Tener la actitud adecuada. Es preciso ser humildes y reconocer que la Biblia es la Palabra de Dios. Él está en contra de los orgullosos (1 Tesalonicenses 2:13; Santiago 4:6). Ahora bien, tampoco hay que tener una fe ciega; Dios espera que usemos nuestra capacidad de razonar
(Romanos 12:1, 2).
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